Evolución incompleta

Cada vez con más frecuencia se habla de la evolución, pero generalmente esa evolución se refiere a lo social, intelectual y tecnológico. Cuando nos planteamos la evolución desde la calidad humana, del desarrollo del sentimiento o como entidades espirituales que somos, la cosa cambia y nuestro punto de vista se quiere hacer más relativo y ambiguo, ya que la realidad nos marca la evidendica, en la cual podemos apreciar nuestra lentitud.
Y eso ¿quién lo puede determinar?. No necesitamos ningún juez o jurado que nos lo puntúe, la razón activada por nuestra conciencia es suficiente para que independientemente a lo que los demás crean de nosotros, nos conecte con los sentimientos reales que se generan en nuestro interior en cada momento, los cuales nos llevan a tener una forma de pensamiento determinado así como una actitud o comportamiento. Son la vibración o intensidad de los sentimientos de AMOR lo que va a determinar la realidad de lo que somos y por tanto nuestro nivel de evolución, y no tanto la capacidad mental que hemos desarrollado, la cual nos suele lleva a la búsqueda de unos conocimientos que de un principio creemos que nos van a permitir ser mejores por el hecho de tenerlos. Ciertamente el conocimiento nos puede ayudar al desarrollo del espíritu, pero especialmente será el conocimiento de uno mismo el que nos permita descubrir qué nos impide Amar como nos corresponde, y para lo que hemos sido creados. Claro que llegar a este conocimiento implica por una parte renunciar a nuestro “orgullo”, el cual se va ha sentir herido al descubrir que no somos lo que hemos desarrollo y proyectado desde nuestra mente, sino que eso a menudo representa un “globo de aire” del cual caeremos en cualquier momento para estrellarnos con la realidad de las limitaciones y carencias que nos impiden vivir la realidad del Amor, y no los afectos humanos que proyectamos que suelen llevar implícito intereses egoístas como la pasión, la posesión, el interés, etc.
La evolución de la que hablamos no se consigue simplemente con buenos propósitos, o cursos estimulantes, o el estudio de tratados impresionantes, o devorando libros y libros, o apartarnos de todo y viviendo de forma eremita en las montañas, sino más bien poniendo nuestra conciencia en reconocer aquello que nos impide tener un sentimiento positivo hacia lo que estemos viviendo, poniendo posteriormente nuestra voluntad en hacer la transformación del sentimiento que corresponda, para lo cual además de lo dicho seguro que necesitaremos una buena porción de aceptación y perseverancia en nuestro objetivo.
Lo primero que reconocemos es la dualidad existente en nuestro interior que nos hace actuar unas veces desde nuestro ser positivo y otras desde el negativo, lo que puede llegar a crear cierta confusión, al ser algo implícito en el ser humano desde el principio de su existencia, siendo el reto de nuestra evolución que nos lleva a decantarnos para vivir desde uno u otro.
Para todo ello disponemos de elementos tan valiosos como la mente, la cual nos ayudara siempre que no nos identifiquemos con ella y creamos que todo es posible desde ésta, como también el libre albedrío que no nos condiciona para tomar un camino u otro, lo que no quita para que nuestra conciencia nos recuerde la “ley de causa y efecto” que nos llevara a vivir las consecuencia en positivo o negativo de lo que hemos generado en actos, pensamientos o sentimientos. Claro, que no importa que creamos en todo esto, pues lo que no vemos o creamos también existe, y no lo podremos evitar.
Con todo esto nos gustaría hacer una llamada de atención a la necesidad de nuestra evolución, surgiendo a veces el tratar o hablar del cambio climático, sí este tendrá que ver con el cambio evolutivo, sí es verdad que somos una humanidad evolucionada según los adelantos de la ciencia, tecnología, incluso de nuestras capacidades mentales. Pero debemos pararnos y pensar: ¿de que nos puede servir preocuparnos de cualquiera de estos aspectos si por otro lado no tenemos la mínima intención de mejorar en cierta medida nuestro sentimiento?. Como dijo Gandhi “Si quieres camibiar al mundo, cámbiate a ti mismo”. Sí, de acuerdo que es necesario cuidar de nuestro planeta, del equilibrio ecológico, de la igualdad social, etc… pero todo ello debería ser como consecuencia de lo que hemos desarrollado desde el sentimiento y no por miedos o razonamientos que nuestra conciencia termina por plantearnos. Tendría que haber una coherencia entre lo que sentimos, pensamos, hablamos y hacemos, de lo contrario nos deberíamos plantear que falta un eslabón en la cadena. La evolución no se puede obtener proyectando desde la mente, sino más bien viviendo aquello que conocemos, lo que nos llevara a “ser eso”.

Uno de los problemas que lleva a nuestra humanidad a no evolucionar como deberíamos, es que se vive y se pretende desarrollar la vida desde la mente, sin considerar las consecuencia que ello genera, creando una forma de vida fría, cuando en realidad la fuente de vida esta en el sentimiento.
Un claro ejemplo de vivir desde la mente es el desarrollo y evolución que el hombre ha llegado a conseguir en ciencia y tecnología pero con frecuencia con fines egoístas o de intereses políticos, cosa que no sucede cuando lo que el hombre crea en su mente lo conecta con el sentimiento, porque es éste el que le permite matizar haciendo un discernimiento que trasciende sus valores ya sean económicos, de reconocimiento u otros. Es uniendo mente y sentimientos como el hombre puede llegar a construir una vida sin errores o consecuencias negativas derivadas de la misma.

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